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La lengua de las mariposas

 

Los maestros de la II República Española

 

(El profesor comprometido)

 

©Enrique Martínez-Salanova Sánchez

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El puntero de don Honorato/Bibliografía/Lecturas de cine/Glosario de cine


Los maestros de la república

Las ideas de un maestro Película: La lengua de las mariposas La lengua de las mariposasde Manuel Rivas. Cuento completo José Luís Cuerda director
Manuel Rivasescritor del cuento Rafael Azconaguionista A mí me gusta ese maestro (fragmento del guión)

Sugerencias didácticas

Contexto histórico

Educar para ser libres… la escuela en la segunda República española

La represión de la dictadura franquista contra los maestros

Para leer más sobre el tema La última lección del maestro Arximiro Rico

Los maestros de la república


Al iniciarse la década de los años treintael sistema educativo español se hallaba en condiciones muy precarias. El Estado tenía una presencia débil subordinado a la actuación de la Iglesia católica en la enseñanza. La desidia pública se manifestaba en los niveles primarios de la educación en la discriminación que tenía lugar entre quienes podían cursar el bachillerato y quienes no tenían la posibilidad de estudiar tras la primariaen la dejación de la enseñanza secundaria. Francisco Giner de los Ríos señalaba así: «De todos los problemas que interesan a la regeneración político-social de nuestro pueblono conozco uno solo tan menospreciado como el de la educación nacional». De esta formala Segunda República nació con un programa de reforma global del sistema educativo que incluía la construcción urgente de escuelasla dignificación del maestro con un aumento sustancial de sus retribucionesel establecimiento de un sistema unitario de tres ciclos el fomento de una pedagogía activa y participativauna concepción laica de la enseñanza. Por poner un ejemploen cuatro añosentre abril de 1931 y abril de 1935el número de maestros nacionales pasó de 37.500 a 50.500. La reforma concitó la hostilidad de sectores poderosos de la sociedad española. La Guerra Civil sirvió así para que los franquistas eliminaran la educación como «escudo y defensa de la República».

(José María Maravall en el prólogo del libro: Maestros de la república: Los otros sentidoslos otros mártires de María Antonia Iglesias).


Hablo de "La lengua de las mariposas"


Desde que la vi fue una película que me  llamó mucho la atención pues muestra varios elementos importantes que siempre he tenido en cuenta en mi vida profesional.

El maestro como servidor públicolos maestros en la República Españolala atención individualizada del maestroque conoce a cada niño a los que trata según su entorno y problemaslas clases participativaslas salidas a la naturalezael conocimiento del entorno.

Da importancia a la capacidad que tiene un maestro para hacer pensar a los alumnosa pesar de que el cambio de conducta no se da y el final puede interpretarse como una frustración.

Me parece una película de gran importanciaque permite la reflexión y el estudio cinematográficos sobre la adaptación de un cuento de Manuel Rivasla forma de narrar los hechosla estructura cinematográfica y el respeto a las ideas.

Hablo de "La lengua de las mariposas"


Las ideas de un maestro

La lengua de las mariposas remite al poeta Antonio Machado y a sus explicaciones sobre el lenguaje de estos seres. También trae su parábola: un maestro de ideas republicanas en un pueblecito perdidoen los albores de lo que sería la trágica Guerra Civil Española. La película planteacomo muchas otrasesa especial relación que une a un adulto y a un menor. Don Gregorio -Fernando Fernán Gómez- maestro ya viejoy su alumnoMoncho -Manuel Lozano- el niño que gusta de aprender y descubrir. El maestrocon sus buenas artesse esfuerza por entrar en un mundo en el que aporta sus experiencia como maestro y sus ideas como republicano. Su trabajo se ve en la última secuenciaen esa cara de frustración del maestro al ver a su alumno que le lanza piedras cuando va camino del fusilamiento detenido por los falangistas. Maestros que viven en su entornoconectados a éla sus problemas y dificultades que los hay y los ha habido siempre.

La tarea del maestro debe partir de un diálogo abierto y permanente entre los mismos maestros y entre ellos y su entorno social. La escuela de hoy tiene que abrirse más a sus contextosque inevitablemente entran a ellay ello exige replantearse el oficio del maestro tanto en el aula como en la comunidad.

La tarea del maestro es distinta en los diferentes contextos sociales y geográficos de un país. No es lo mismo trabajar en el centro de una ciudad que en la periferiano es lo mismo trabajar en contextos sociales relativamente estables que en lugares en donde se viven las tensiones propias de la violencia; no es lo mismo trabajar con alumnos que cuentan con todos los recursos que hacerlo en condiciones de enorme pobreza.


El guión de La lengua de las mariposasde Rafael Azconase hizo a partir de un cuento que forma parte del libro «¿Que me quieresamor?»de Manuel Rivas. Cuenta una historia que anticipa tragedia pero no la explota; maniquea si se quiere en esa descripción de tipos (arquetipos más bien) de la España ruralen esa solapada mirada a los poderes que minan la libertad. El autor de El bosque animado retrata al cacique amenazanteal ejercito desdeñoso de la República y a una Iglesia que pierde adeptos y privilegios (imposible olvidar ese diálogo entre el cura y el profesor donde el latín se torna arma arrojadiza)pero también se inmiscuye en los dolorosos senderos de la traicióndel vergonzoso paso atrás y de la pérdida de dignidad. (Ismael Alonso)


Película: La lengua de las mariposas

España1999. 95 min. Color.

Director: José Luis Cuerda.

Guión: Rafael AzconaJosé Luis CuerdaManuel Rivas.

Fotografía: Javier G. Salmones.

Música: Alejandro Amenábar.

Intérpretes:

Fernando Fernán Gómez (Don Gregorio); Manuel Lozano (Moncho); Uxía Blanco (Rosa); Gonzalo Uriarte (Ramón); Alexis de los Santos (Andrés); Jesús Castejón (D. Avelino); Guillermo Toledo (O’lis); Elena Fernández (Carmiña); Tamar Novas (Roque); Tatán (Roque Padre);  Celso Parada (Macías); Tucho Lagares (Alcalde).

Sinopsis: Situada en 1936Don Gregorio enseñará a Moncho con dedicación y paciencia toda su sabiduría en cuanto a los conocimientosla literaturala naturalezay hasta las mujeres. Pero el trasfondo de la amenaza política subsistirá siempre especialmente cuando Don Gregorio es atacado por ser considerado un enemigo del régimen fascista. Así se irá abriendo entre estos dos amigos una brecha traída por la fuerza del contexto que los rodea. La política y la guerra se interponen entre las personas y desembocanindefectiblementeen la tragedia.

¿Cómo recobrar después de estola inocencia? Parece ser la pregunta de josé Luís Cuerdacuando Don Gregorioal contrario del padre de Monchoopte por si mismo y por sus idealesaunque esta opción signifique la muerte. Dura y con un dramático finalLa lengua de las mariposas explora el nacimiento de una vida a los horrores de una guerra.


El contexto histórico de La lengua de las mariposas

La película trata de muchos temas: de la amistadla escuelala infanciala iniciación a la vidapero también del miedodel terrorde las miserias de la condición humana… Habla también de la Historia. Los acontecimientos históricos que están detrás de La lengua de las mariposas”determinan claramente la vida de los personajestal y como queda claro al final. Durante toda la cinta se observa un aire de nostalgia por la libertadla esperanza y el cambio social que supuso la Segunda República española(«Gracias a la República podemos votar las mujeres»dice la madre de Moncho) y una denuncia de la bestialidad irracional de los que la derrocaron.

El golpe de estado de julio de 1936 lo urdió un sector importante del ejército (los generales FrancoMola SanjurjoGoded...)inspirado y financiado por las clases poderosas del estadolos terratenientes y la alta burguesíaque abandonaron la vía legal y parlamentaria para decantarse por las armasel terror y la dictaduraque llevó a la muerte violenta a miles de personas partidarias de la república y de su proyecto modernizador.

El día 18 de julio de 1936el general Franco salió de Canarias al frente del ejército insurrecto (recordar al final de la película cuando se dice «¡Hay guerra en África!»)mientras Mola declaraba el estado de guerra y ocupaba Pamplona. ParalelamenteQueipo de Llano se apoderaba de Sevilla y extendía la rebelión por Andalucíaprovocando la inmediata represión contra las personas progresistas).


A mí me gusta ese maestro. Secuencia fílmica de la película: La lengua de las mariposas


Interior – noche

En casala madre está preparando la cena mientras Montxo está haciendo los deberes en la mesa de la cocina. Llega el hermano mayor...

El hermano mayor: ¡Hola!

La madre: Holahijo.

Montxo: ¡Don Gregorio no pega!

El hermano: ¿De verdad?

Montxo: De verdad. Y le ha devuelto unos capones a un señor que manda mucho porque es muy rico.

La madre: (pelando patatas) ¿Y tú cómo lo sabes?

Montxo: Lo ha dicho su hijo uno que le dicen José Maríadice que su padre manda más que el alcalde.

La madre: ¿Y qué capones son ésos?

Montxo: Unos que quería darle al maestro para que su hijo aprenda las cuentas. Pero el hijo no quiere estudiar. Dice quede mayorva a ser señorito en La Coruña.

(El hermano mayor está desgranando dificultosamente las primeras notas del pasodoble «Francisco alegre»)

Montxo: (Dirigiéndose a su hermano) ¿A que no sabes de dónde vienen las patatas?

El hermano: ¡Del huerto! ¿De dónde van a venir?

Montxo: Vienen de América.

La madre: ¡No digas tonterías!

Montxo: ¡Que sí! Que nos lo ha explicado don Gregorio: o sea que antes de que Colón fuera a América en España no había patatas.

 

La madre: ¿Y qué comía la gente?

Montxo: Castañas... Y tampoco había maíz.

La madre: Se ve que ese maestro es muy bueno.

Montxo: A mí me gusta.

La madre: ¿Habéis rezado?

Montxo: ¿Dónde?

La madre: ¡En la escuela!

Montxo: Eh síuna cosa de Caín y Abel.

La madre: (dirigiéndose al hermano mayor) Eso para que te cierre las habladurías. Ya me extrañaba a mí que don Gregorio fuera un ateo.

Montxo: ¿Qué es un ateo?

La madre: El que no cree en Dios.

Montxo: ¿Papá es ateo?

La madre: ¿Cómo se te ocurre preguntar semejante cosa?

Montxo: Papá se caga en Dios... (El hermano mayor empieza a reírse por lo bajo pero la mirada de reproche de la madre le hace reprimir su risa)

La madre: Bueno... eso es... eso es un pecado. Pero papá cree que Dios existe como toda persona de bien.

Montxo: ¿Y el demonio?

La madre: ¿Y el demonio qué?

Montxo: Si existe...

La madre: Pues claro que existe. Era un ángel pero se hizo malose rebeló contra Dios. Camino del infierno se iba poniendo pálidopor eso lo llaman el ángel de la muerte.

Montxo: ¿Y si era tan malo por qué no lo mató Dios?

La madre: ¡Dios no mata Montxo!

 


Educar para ser libres… la escuela en la segunda República española


Resumen de un artículo de  José Luís Murillo García

El 14 de abril de 1931 se proclamó la II República en todo el Estado españolque encarnó la democracia y la modernidadla libertadla educación y el progresola igualdad y los derechos universales para todos los ciudadanos. Una escuela públicaobligatorialaicamixtainspirada en el ideal de la solidaridad humanadonde la actividad era el eje de la metodología. Así era la escuela de la II República española. De todas las reformas que se emprendieron a partir de abril de 1931la estrella fue la de la enseñanza.

El 14 de abril de 1931la República encontró una España tan analfabetadesnutrida y llena de piojos como ansiosa por aprender. Y los más ilustres escritorespoetaspedagogosse pusieron manos a la obra. De pueblo en pueblocon la cultura ambulante. A la espera de que se aprobara la Constituciónen diciembreel Gobierno tomómediante decretos urgenteslas primeras medidas: se reconoció el Estado plural y las diferencias lingüísticas (se respeta la lengua materna de los alumnos) y al frente del Consejo de Instrucción Pública que haría caminar las reformas se nombró a Unamuno.

Se proyectó la creación paulatina de 27.000 escuelas pero mientraslos ayuntamientos adecentaron salas donde educar a los niños. Y a los mayores. Hubo incluso alguna escuelita en las salas de autopsia de los cementerios. Donde se podía. Entonces las maestras desempeñaron un papel primordial: enseñaban en sus casas con la subvención del ayuntamiento.

La República se propuso llenar las escuelas con los mejores maestros. Pero los docentes de la época tenían una formación casi tan exigua como su salario. El sueldo miserable de aquellos voluntariosos maestros subió a 3.000 pesetas al tiempo que se organizaban para ellos cursos de reciclaje didáctico. En las Semanas Pedagógicas recibían asesoramiento de los inspectorespara aumentar su formación. La carrera de Magisterioelevada a categoría universitariadignificó la figura del maestro. A los aspirantes se les exigiódesde entoncestener completo el bachillerato antes de matricularse en las Escuelas Normalesdonde se enseñaba pedagogía y había un último curso práctico pagado.Se hizo del maestro la persona más cultaeran los intelectuales de los pueblos y con toda la precariedad en que vivíanejercieron de una forma digna.

Comenzó a tejerse un sistema educativo que puso el énfasis en el alumnole hizo protagonista de las clases y de su formación. Los niños salían al campo para estudiar ciencias naturalesse trataron de sustituir los monótonos coros infantiles recitando lecciones de memoria por el debate participativo y pedagógico; los niños y las niñas se mezclaron en las mismas aulasdonde se educaban en igualdady se favoreció un tránsito sin sobresaltos desde el parvulario a la universidad. Fue una escuela en la que se educó a los niños atendiendo a su capacidadsu actitud y su vocaciónno a su situación económica. La educación pública recibió financiación para elloy eso era algo que la escuela privada miró con recelo. Todo tenía el aroma pedagógico de la Institución Libre de Enseñanzaque fue el soporte intelectual en el que se apoyó la República. Aunque diseñó una escuela más laica.

En 1933 hay de nuevo elecciones. La mujer estrenó el voto femenino y la derecha -la CEDA de Gil Robles- llegó al poder. Los progresistas verán cómo se frenó la financiación educativa y las medidas laicasaunque no se derogaron fueron escamoteadas.

Misiones Pedagógicas y Colonias Escolares

Antes que educarla República se vio obligada a dar de comer a los niños. Incluso a vestirlos. Había cantinas y roperos escolares y cobraron fuerza las Colonias Escolares que ya antes había puesto en marcha Bartolomé Cossío. Los niños viajaban al mar o a la montaña. Hacían deportese divertían. Perosobre todocomían. Hubo medidas urgentes que no podían esperar y que se adoptaron a golpe de decretohasta que fue aprobada la Constitución. Lo más revolucionario que puede hacersedespués de facilitar alimentaciónfueron aquellas Misiones Pedagógicasde cuyo patronato fue también presidente Cossío. En destartaladas camionetas llegaron a las aldeas perdidas bibliotecas itinerantesproyecciones cinematográficasteatromuseos ambulantes.


La represión de la dictadura franquista contra los maestros


(Resumido de José María Maravall en el prólogo del libro: Maestros de la república: Los otros sentidoslos otros mártiresde María Antonia Iglesias)

El objetivo de acabar con el progreso educativo y cultural fue fundamental en la insurrección del 18 de julio de 1936. En guerras civilesla violencia fuera de los frentes se ha basado con mucha frecuencia en motivos sórdidosvenganzas personalesenvidias y rencores. Pero en el caso de las matanzas sistemáticas de maestros al desencadenarse la Guerra Civil española razones políticas guiaron las crueldades personales.

Por detrás de los asesinatosde la crueldad el dolor y el miedoexistía la política del franquismo: una campaña sistemática de erradicación de la política educativa y cultural de la República. En 1937José Pemartínjefe del Servicio de Enseñanza Superior y Mediadeclaraba lo siguiente: «Tal vez un 75 por ciento del personal oficial enseñante ha traicionado -unos abiertamenteotros solapadamenteque son los más peligrosos- la causa nacional (...). Una depuración inevitable va a disminuir considerablementesin dudala cantidad de personas de la enseñanza oficial». En nueve provincias de las que existen datos sistemáticosfueron ejecutados en torno a 250 maestros. Y 54 institutos públicos de enseñanza secundaria creados por la República fueron cerrados. Por añadiduraen torno a un 25 por ciento de los maestros sufrieron algún tipo de represión y un 10 por ciento fueron inhabilitados de por vida. En Euskadi y Cataluñatodos los maestros de la enseñanza pública fueron dados de baja y tuvieron que solicitar su readmisión a través de un costoso proceso. La abrumadora mayoría de las ejecuciones de maestros tiene lugar al inicio de la Guerra Civilentre julio y octubre de 1936. Todos los episodios son despiadados.

 No se trataba solamente de odios y rencores personales: se buscaba implantar un miedo generalizado. El régimen futuro habría de ser un régimen totalitariono una dictadura benevolente. Y un régimen totalitario tiene como una de sus características 'un sistema de terror impuesto a través de los controles del partido y de la policía'. Así fue desde la insurrección del 18 de julio de 1936 y duró mucho tiempo. El objetivo era explícito: el punto 6º de los 26 Puntos de la Falange declaraba que 'nuestro Estado será un instrumento totalitario'. El recuerdo de aquello ha permanecido vivopese a los cuarenta años de dictadura y tras treinta años de democracia. Forma parte de ese término un tanto vaporoso: la 'memoria histórica'.

Las razones de las ejecuciones eran erradicar el espíritu de la República encarnado en los maestros y en la educación; provocar un miedo generalizado. Esas razones fueron reforzadas por las venganzas. A la hora de llevar a cabo la represiónno sólo fueron los verdugos los responsables. Aquéllos eran generalmente grupos de falangistas armados y matonesque luego alardeaban en el pueblo de los asesinatos y amedrentaban a los vecinos. Una buena parte de la responsabilidad correspondió a curas de la Iglesia católica: elaboraban listas negras y acompañaban los fusilamientos. Los testimonios son abrumadores.

La Iglesia jugó un papel fundamental en la represión y la depuración del magisterio. Yo creo que básicamente por el papel que los maestros de la República jugaron en la aplicación de la normativa sobre la supresión de la enseñanza religiosacuando se apartó de las funciones educativas a las congregaciones religiosas. Por eso bastantes miembros del clero de la Iglesia católica jugaron un papel fundamental en la represión. En los archivos provinciales de Cádiz y en los municipales se conservan pruebas de la intervención que tuvieron los clérigoslas denuncias concretas que pusieronbásicamente contra maestros. En la enseñanzacuando se pusieron en marcha las comisiones de depuraciónuno de los requisitos que establecía el procedimiento para la depuración era el informe que tenía que presentar un cura párroco sobre la actuación de ese maestro.

Eso era el nacional-catolicismo. En el terreno de la educación y la culturael aniquilamiento de la tradición humanistaliberal y reformista. Paralizó durante largos años la construcción de escuelas; el magisterio fue diezmado; la enseñanza pública fue maltratada porque era vista como el germen del mal 'laizante'; se fomentó la desigualdad entre centros y alumnos; el adoctrinamiento fue inmisericorde. Recuérdense las palabras del catecismo Ripalda: '¿Hay otras libertades perniciosas? Sí señorla libertad de enseñanzala libertad de propaganda y de reunión. ¿Por qué son perniciosas esas libertades? Porque sirven para enseñar el error y propagar el vicio'.

Así fue la educación bajo el franquismo. Después de concluida la guerraen 1943el ministro de EducaciónJosé Ibáñez Martíndeclaraba ante las Cortes que «lo verdaderamente importante desde el punto de vista político es arrancar de la docencia y de la creación científica la neutralidad ideológica y desterrar el laicismopara formar una nueva juventudposeída de aquel principio agustiniano de que mucha ciencia no acerca al Ser Supremo». El concordato de 1953 entre el Estado español y el Vaticano confirmó el monopolio católico sobre la educación española. El Estado aseguraba la enseñanza de la religión católica como parte obligatoria de los planes de estudio en todos los centros educativos del paísde cualquier clase y nivelasí como la conformidad de todas las enseñanzas con los principios de la Iglesia católica. Ésta se encargaba de la pureza de la fede las buenas costumbres y de la enseñanza de la religión. También podía prohibir y retirar librospublicaciones y material docente contrarios al dogma y a la moral católica.

Para configurar la educación bajo el franquismolos maestros republicanos tenían que ser eliminados. Así fue desde el inicio de la guerra. Sabemos que después de la guerra las purgas continuaron de forma masiva. No sólo entre los maestrosclaro está. La legislación sobre Responsabilidades Políticas y de Represión de la Masonería y el Comunismo condujo a una depuración muy extensa: Gabriel Jackson ha estimado que el número de muertes de prisioneros republicanos alcanzó las 200.000; existieronademásmuchas otras formas de sanciones políticasque iban desde purgas profesionales hasta largas condenas de cárcel. Veinte años después de terminada la guerra la ley de Principios del Movimiento Nacional de 1958 reiteraba los fundamentos de la dictadura yentre ellosque la nación era católica y que tan sólo la religión católica podía ser practicada.


Para leer sobre el tema


María Antonia Iglesias (2006). Maestros de la república: Los otros sentidoslos otros mártires. MadridLa esfera de los libros.

Narciso de Gabriel y Xosé Manuel Sarille. «Arximiro Ricoluz dos humildes. Vida e morte dun mestre republicano» 

Antonio Sánchez Cañadas (2007): Memoria y dignidad. depuración y represión del magisterio almeriense durante la dictadura del general Franco. Editorial Corduba


La última lección del maestro Arximiro Rico


«Lo prendieron y se lo llevaronmientras su madre pedía que lo dejasen. En La Muiña pararon para comer y beber en la taberna de mis abuelos y lo dejaron atado a una argolla que se utilizaba para amarrar al ganado. Mi abuela intentó darle agua y no la dejaron. Le dieron en cambio unas patadas. Y siguieron bebiendopara coger fuerzas. Después se dirigieron por la sierra en dirección a Montecubeiroque había sido declarada zona de guerra y donde un teniente coronel de la Guardia Civil se encargaba de hacer valer la fuerza del terror. Algunos de los que con e´l iban hicieron sin esfuerzo la subidapues subieron a caballo (...). Y en la sierra de Montecubeiro sucedió lo que resulta más estremecedor. Le cortaron los testículos. Le quitaron los ojos. Le cortaron la lengua. Y lo remataron a palos y a tiros de escopeta. Era el primero de septiembre de 1936».

(Extracto del libro «Arximiro Ricoluz dos humildes. Vida e morte dun mestre republicano»de Narciso de Gabriel y Xosé Manuel Sarille) 

 


José Luís Cuerdael director de la película


1947. Directorguionista y productor de cine

Tras realizar varios cortometrajes en 1982 dirigió su primer largometrajePares y nones. Con su siguiente película El bosque animado (1987) inauguró en su carrera una nueva etapa caracterizada por un humor surrealista con profundo sabor español. Sólo dos años después llegaría el que sería su gran éxito de taquilla y el trabajo que lo consagraría como realizadorAmanece que no es poco1988que junto al mediometraje para televisión Totalen 1983y el largo Así en el cielo como en la tierraen 1995conforma un tríptico con un elemento en común: el humor absurdo. En 1991 realizó La viuda del capitán Estradaen 1993Tocando fondoen  1999 hizo La lengua de las mariposasen 2000 Primer amory en 2006La educación de las hadas.


Manuel Rivas escritor del cuento


1957

La totalidad de su obra literaria se desarrolla en lengua gallegaaunque también escribe artículos periodísticos en castellano.Su libro de cuentos ¿Qué me quieres amor? (1996) incluye el relato La lengua de las mariposas. Su obra se completa con los libros de relatos Ellamaldita alma (1999)La mano del emigrante (2001)y Las llamadas perdidas (2002).

Es autor de tres novelas cortas: Los comedores de patatas (1992)El lápiz del carpintero (1999)Premio de la Crítica españolallevada al cine por Antón Reixay En salvaje compañía (1994). Sus últimas obras son El héroe(2006)teatraly Los libros arden mal (2006)una novela.


Rafael Azcona. escritor del guión


Rafael Azcona. Logroño1926

Es el exponente máximocomo guionistadel realismo crítico español. Siempre colaboró con directores que compartieran su interés por reflejar la realidad española en el cine. Algunas de sus películas son El Pisito (1959)El cochecito (1960) Plácido (1961)El verdugo (1963)La gran comilona (1973)La escopeta nacional (1978)La vaquilla (1985)

Posteriormente escribió para Carlos Saura La prima Angélica y ¡AyCarmela!para Fernando TruebaEl año de las luces (Oso de Oro en el Festival de Berlín) y Belle époque (Oscar de Hollywood a la mejor película extranjera) para José Luis García SánchezLa corte de faraón y Tranvía a la Malvarrosa. Uno de sus últimos guiones es el de La lengua de las mariposas. En 1988 recibió el Premio Goya al mejor guión por El bosque animado y en 1998 el Goya Honorífico a toda su carrera.


En la escuelaun alumno ya mayor en comparación con el resto, lee con dificultad el poema «Recuerdo infantil» de Antonio Machado

 Una tarde parda y fría

de invierno. Los colegiales

estudian. Monotonía

de lluvia tras los cristales.

 Es la clase. En un cartel

se representa a Caín

fugitivoy muerto Abel

junto a una mancha carmín.

 Con timbre sonoro y hueco

truena el maestroun anciano

mal vestidoenjuto y seco

que lleva un libro en la mano.

 Y todo un coro infantil

va cantando la lección:

"mil veces ciento cien mil;

mil veces milun millón". 

Una tarde parda y fría

de invierno. Los colegiales

estudian. Monotonía

de la lluvia en los cristales.

Sugerencias didácticas


El análisis de estas películas es necesario para docentesya que plantean la iniciación en la culturay la dificultad en la transmisión de los mensajes que tienen que ver con los valoresal mismo tiempo que la responsabilidad e implicación de los docentes en la sociedad en la que viven. Lo que lleva tiempo y esfuerzo en trasmitir se puede trastocar en cuestión de segundos.

  • La dificultad de la enseñanza.

  • La educación en valores.

  • La honestidad del maestro.

  • El influjo del ambiente en la educación.

  • La responsabilidad del profesor en el entorno social y laboral.

  • La orientación en la vida como misión o tarea del profesor.

Para realizar ejercicios sobre la película La lengua de las mariposas y con infinidad de sugerencias para ello te propongo:

Notas para el estudio de La lengua de las mariposas en la clase de lengua y cultura españolas de Carmen Rojas Gordillo Asesora Técnica del MEC en São PauloBrasil

http://www.mec.es/redele/revista/rojas.shtml

La lengua de las mariposas: del cuento a la película. La relación entre cine y literaturade Marita Lüning Instituto de Formación del ProfesoradoLandesinstitut für Schule)Bremen

http://www.ub.es/filhis/culturele/luning.html


La lengua de las mariposas

Manuel Rivas


(Texto completo)

«¿Qué hay Gorrión? Espero que este año podamos ver por fin la lengua de las mariposas».

El maestro aguardaba desde hacía tiempo que le enviaran un microscopio a los de la instrucción pública. Tanto nos hablaba de cómo se agrandaban las cosas menudas e invisibles por aquel aparato que los niños llegábamos a verlas de verdadcomo si sus palabras entusiastas tuvieran un efecto de poderosas lentes.

«La lengua de la mariposa es una trompa enroscada como un resorte de reloj. Si hay una flor que la atrae la desenrolla y la mete en el cáliz para chupar. Cando lleváis el dedo humedecido a un tarro de azúcar ¿a que sienten ya el dulce en la boca como si la yema fuera la punta de la lengua? Pues así es la lengua de la mariposa». Y entonces todos teníamos envidia de las mariposas. Que maravilla. Ir por el mundo volandocon esos trajes de fiestay parar en flores como tabernas con barriles llenos de jarabe.

Yo quería mucho a aquel maestro. Al principiomis padres no podían creerlo. Quiero decir que no podían entender como yo quería a mi maestro. Cuando era un «picarito»la escuela era una amenaza terrible. Una palabra que cimbraba en el aire como una vara de mimbre.
«¡Ya verás cuando vayas a la escuela!»
Dos de mis tíoscomo muchos otros mozosemigraron a América por no ir de quintos a la guerra de Marruecos. Pues bienyo también soñaba con ir a América sólo por no ir a la escuela. De hechohabía historias de niños que huían al monte para evitar aquel suplicio. Aparecían a los dos o tres díasateridos y sin hablacomo desertores de la batalla del Barranco del Lobo. Yo iba para seis años y me llamaban todos Gorrión. Otros niños de mi edad ya trabajaban. Pero mi padre era sastre y no tenía tierras ni ganado.

Prefería verme lejos y no enredando en el pequeño taller de costura. Así pasaba gran parte del día correteando por la Alameday fue Cordeiroel recolector de basura y hojas secasel que me puso el apodo. «Pareces un gorrión».

Creo que nunca corrí tanto como aquel verano anterior al ingreso en la escuela. Corría como un loco y a veces sobrepasaba el límite de la Alameda y seguía lejoscon la mirada puesta en la cima del monte Sinaícon la ilusión de que algún día me saldrían alas y podría llegar a Buenos Aires. Pero jamás sobrepasé aquella montaña mágica.

«¡Ya verás cuando vayas a la escuela!»

Mi padre contaba como un tormento como si le arrancara las amígdalas con la manola manera en que el maestro les arrancaba la jeada del habla para que no dijeran ajua ni jato ni jracias. «Todas las mañanas teníamos que decir la frase 'Los pájaros de Guadalajara tienen la garganta llena de trigo'. ¡Muchos palos llevábamos por culpa de Juadalagara!» Si de verdad quería meterme miedo lo consiguió. La noche de la víspera no dormí. Encogido en la cama escuchaba el reloj de la pared en la sala con la angustia de un condenado. El día llegó con una claridad de mandil de carnicero. No mentiría si les dijera a mis padres que estaba enfermo.

El miedocomo un ratónme roía por dentro.

Y me meé. No me meé en la cama sino en la escuela.

Lo recuerdo muy bien. Pasaron tantos años y todavía siento una humedad cálida y vergonzosa escurriendo por las piernas. Estaba sentado en el último pupitremedio escondido con la esperanza de que nadie se percatara de mi existenciahasta poder salir y echar a volar por la Alameda.

«A verusted¡póngase de pie!»

El destino siempre avisa. Levanté los ojos y vi con espanto que la orden iba para mi. Aquel maestro feo como un bicho me señalaba con la regla. Era pequeñade maderapero a mi me pareció la lanza de Abd el-Krim.

«¿Cuál es su nombre?»

«Gorrión»

Todos los niños rieron a carcajadas. Sentí como si me batieran con latas en las orejas.

«¿Gorrión?»

No recordaba nada. Ni mi nombre. Todo lo que yo había sido hasta entonces había desaparecido de mi cabeza. Mis padres eran dos figuras borrosas que se desvanecían en la memoria. Miré cara al ventanalbuscando con angustia los árboles de la alameda.

Y fue entonces cuando me meé.

Cuando se dieron cuenta los otros rapaceslas carcajadas aumentaron y resonaban como trallazos.

Huí. Eché a correr como un loquito con alas. Corríacorría como solo se corre en sueños y viene tras de uno el Sacaúnto. Yo estaba convencido de que eso era lo que hacía el maestro. Venir tras de mi. Podía sentir su aliento en el cuello y el de todos los niñoscomo jauría de perros a la caza de un zorro. Pero cuando llegué a la altura del palco de la música y miré cara atrásvi que nadie me había seguidoque estaba solo con mi miedoempapado de sudor y de meos. El palco estaba vacío. Nadie parecía reparar en mi pero yo tenía la sensación de que toda la villa estaba disimulandoque docenas de ojos censuradores acechaban en las ventanasy que las lenguas murmuradoras no tardarían en llevarle la noticia a mis padres. Las piernas decidieron por mí. Caminaron hacia el Sinaí con una determinación desconocida hasta entonces. Esta vez llegaría hasta A Coruña y embarcaría de polisón en uno de esos navíos que llevan a Buenos Aires.

Desde la cima del Sinaí no se veía el mar sino otro monte más grande todavíacon peñascos recortados como torres de una fortaleza inaccesible. Ahora recuerdo con una mezcla de asombro y nostalgia lo que tuve que hacer aquel día. Yo sóloen la cimasentado en silla de piedrabajo las estrellasmientras en el valle se movían como luciérnagas los que con candil andaban en mi búsqueda. Mi nombre cruzaba la noche cabalgando sobre los aullidos de los perros. No estaba sorprendido. Era como si atravesara la línea del miedo. Por eso no lloré ni me resistí cuando llegó donde mi la sombra regia de Cordeiro. Me envolvió con su chaquetón y me abrazó en su pecho. «Tranquilo Gorriónya pasó todo».

Dormí como un santo aquella noche pegadito a mamá. Nadie me reprendió. Mi padre se había quedado en la cocinafumando en silenciocon los codos sobre el mantel de hulelas colillas amontonadas en el cenicero de concha de vieiratal como pasara cuando había muerto la abuela.

Tenía la sensación de que mi madre no me había soltado de la mano en toda la noche.

Así me llevóagarrado como quien lleva un serón en mi vuelta a la escuela. Y en esta ocasióncon corazón serenopude fijarme por vez primera en el maestro. Tenía la cara de un sapo.

El sapo sonreía. Me pellizcó la mejilla con cariño. «¡Me gusta ese nombreGorrión!». Y aquel pellizco me hirió como un dulce de café. Pero lo más increíble fue cuandoen el medio de un silencio absolutome llevó de la mano cara a su mesa y me sentó en su silla. Y permaneció de pieagarró un libro y dijo:

«Tenemos un nuevo compañero. Es una alegría para todos y vamos a recibirlo con un aplauso». Pensé que me iba a mear de nuevo por los pantalonespero sólo noté una humedad en los ojos. «Bieny ahoravamos a comenzar con un poema. ¿A quien le toca? ¿Romualdo? VenRomualdoacércate. Ya sabesdespacito y en voz bien alta».

A Romualdo los pantalones cortos le quedaban ridículos. Tenía las piernas muy largas y oscurascon las rodillas llenas de heridas.

«Una tarde parda y fría...»

«Un momentoRomualdo¿qué es lo que vas a leer?»
«Una poesíaseñor».

«¿Y como se titula?»

«Recuerdo infantil. Su autor es don Antonio Machado»

«Muy bienRomualdoadelante. Despacito y en voz alta. Repara en la puntuación»

El llamado Romualdoa quien yo conocía de acarrear sacos de piñas como niño que era de Altamira carraspeó como un viejo fumador de picadura y leyó con una voz increíbleespléndidaque parecía salida de la radio de Manolo Suárez el indiano de Montevideo.

«Una tarde parda y fría

de invierno. Los colegiales

estudian. Monotonía

de lluvia tras los cristales.

Es la clase. En un cartel

se representa a Caín

fugitivoy muerto Abel,

junto a una marcha carmín...

«Muy bien. ¿Qué significa monotonía de lluviaRomualdo?»preguntó el maestro.

«Que llueve después de lloverdon Gregorio».

«¿Rezaste?»preguntó mamámientras pasaba la plancha por la ropa que papá cosiera durante el día. En la cocinala olla de la cena despedía un aroma amargo de nabiza.

«Pues si»dije yo no muy seguro. «Una cosa que hablaba de Caín y Abel».

«Eso está bien»dijo mamá. «No se por que dicen que ese nuevo maestro es un ateo».

«¿Qué es un ateo?»

«Alguien que dice que Dios no existe». Mamá hizo un gesto de desagrado y pasó la plancha con energía por las arrugas de un pantalón.

«¿Papá es un ateo?»

Mamá posó la plancha y me miró fijo.

«¿Cómo va a ser papá un ateo? ¿Cómo se te ocurre preguntar esa pavada?»

Yo había escuchado muchas veces a mi padre blasfemar contra Dios. Lo hacían todos los hombres. Cuando algo iba malescupían en el suelo y decían esa cosa tremenda contra Dios.

Decían dos cosas: Cajo en Dioscajo en el Demonio. Me parecía que sólo las mujeres creían de verdad en Dios.

«¿Y el Demonio? ¿Existe el Demonio?»

«¡Por supuesto!»

El hervor hacía bailar la tapa de la olla. De aquella boca mutante salían vaharadas de vapor e gargajos de espuma y berza. Una abeja revoloteaba en el techo alrededor de la lámpara eléctrica que colgaba de un cable trenzado. Mamá estaba enfurruñada como cada vez que tenía que planchar. Su cara se tensaba cuando marcaba la raya de las perneras. Pero ahora hablaba en un tono suave y algo tristecomo si se refiriera a un desvalido.

«El Demonio era un ángelpero se hizo malo».

La abeja batió contra la lámparaque osciló ligeramente y desordenó las sombras.

«El maestro dijo hoy que las mariposas también tienen lenguauna lengua finita y muy largaque llevan enrollada como el resorte de un reloj. Nos la va a enseñar con un aparato que le tienen que mandar de Madrid. ¿A que parece mentira eso de que las mariposas tengan lengua?»

«Si él lo dicees cierto. Hay muchas cosas que parecen mentira y son verdad. ¿Te gusta la escuela?»

«Mucho. Y no pega. El maestro no pega»

Noel maestro don Gregorio no pegaba. Por lo contrariocasi siempre sonreía con su cara de sapo. Cuando dos peleaban en el recreolos llamaba«parecen carneros» y hacía que se dieran la mano.

Luegolos sentaba en el mismo pupitre. Así fue como hice mi mejor amigoDombodángrandebondadoso y torpe. Había otro rapazEladioque tenía un lunar en la mejillaen el que golpearía con gustopero nunca lo hice por miedo a que el maestro me mandara darle la mano y que me cambiara junto a Dombodán. El modo que tenía don Gregorio de mostrar un gran enfado era el silencio.

«Si ustedes no se callantendré que callar yo».

Y iba cara al ventanalcon la mirada ausenteperdida en el Sinaí. Era un silencio prolongadodesasosegante como si nos dejara abandonados en un extraño país.

Sentí pronto que el silencio del maestro era el peor castigo imaginable. Porque todo lo que tocaba era un cuento atrapante. El cuento podía comenzar con una hoja de papel después de pasar por el Amazonas y el sístole y diástole del corazón. Todo se enhebrabatodo tenía sentido. La hierbala ovejala lanami frío. Cuando el maestro se dirigía al mapamundinos quedábamos atentos como si se iluminara la pantalla del cine Rex. Sentíamos el miedo de los indios cuando escucharon por vez primera el relincho de los caballos y el estampido del arcabuz. Íbamos a lomo de los elefantes de Aníbal de Cartago por las nieves de los Alpescamino de Roma. Luchamos con palos y piedras en Ponte Sampaio contra las tropas de Napoleón. Pero no todo eran guerras.

Hacíamos hoces y rejas de arado en las herrerías del Incio. Escribimos cancioneros de amor en Provenza y en el mar de Vigo. Construimos el Pórtico da Gloria. Plantamos las patatas que vinieron de América. Y a América emigramos cuando vino la peste de la patata.

«Las patatas vinieron de América»le dije a mi madre en el almuerzocuando dejó el plato delante mío.

«¡Que iban a venir de América! Siempre hubo patatas»sentenció ella.

«No. Antes se comían castañas. Y también vino de América el maíz». Era la primera vez que tenía clara la sensación de quegracias al maestrosabía cosas importantes de nuestro mundo que elloslos padresdesconocían.

Pero los momentos más fascinantes de la escuela eran cuando el maestro hablaba de los bichos. Las arañas de agua inventaban el submarino. Las hormigas cuidaban de un ganado que daba leche con azúcar y cultivaban hongos. Había un pájaro en Australia que pintaba de colores su nido con una especie de óleo que fabricaba con pigmentos vegetales. Nunca me olvidaré. Se llamaba tilonorrinco. El macho ponía una orquídea en el nuevo nido para atraer a la hembra.

Tal era mi interés que me convertí en el suministrador de bichos de don Gregorio y él me acogió como el mejor discípulo. Había sábados y feriados que pasaba por mi casa y íbamos juntos de excursión. Recorríamos las orillas del ríolas gándarasel bosquey subíamos al monte Sinaí. Cada viaje de esos era para mí como una ruta del descubrimiento. Volvíamos siempre con un tesoro. Una mantis. Una libélula. Un escornabois. Y una mariposa distinta cada vez aunque yo solo recuerde el nombre de una es la que el maestro llamó Irisy que brillaba hermosísima posada en el barro o en el estiércol.

De regresocantábamos por las corredoiras como dos viejos compañeros. Los lunesen la escuelael maestro decía: «Y ahora vamos a hablar de los bichos de Gorrión».

Para mis padresesas atenciones del maestro eran una honra. Aquellos días de excursiónmi madre preparaba la merienda para los dos. «No hacía faltaseñorayo ya voy comido» insistía don Gregorio. Pero a la vueltadecía: «Graciasseñora exquisita la merienda».

«Estoy segura de que pasa necesidades»decía mi madre por la noche.

«Los maestros no ganan lo que tienen que ganar»sentenciabacon sentida solemnidadmi padre. «Ellos son las luces de la República».

«¡La Repúblicala República! ¡Ya veremos donde va a parar la República!»

Mi padre era republicano. Mi madre no. Quiero decir que mi madre era de misa diaria y los republicanos aparecían como enemigos de la Iglesia.

Procuraban no discutir cuando yo estaba delantepero muchas veces los sorprendía.

«¿Qué tienes tu contra Azaña? Esa es cosa del curaque te anda calentando la cabeza»

«Yo a misa voy a rezar»decía mi madre.

«Tusipero el cura no»

Un día que don Gregorio vino a recogerme para ir a buscar mariposasmi padre le dijo quesi no tenía inconvenientele gustaría «tomarle las medidas para un traje».

El maestro miró alrededor con desconcierto.

«Es mi oficio»dijo mi padre con una sonrisa.

«Respeto muchos los oficios»dijo por fin el maestro.

Don Gregorio llevó puesto aquel traje durante un año y lo llevaba también aquel día de julio de 1936 cuando se cruzó conmigo en la alamedacamino del ayuntamiento.

«¿Qué hayGorrión? A ver si este año podemos verles por fin la lengua a las mariposas»"

Algo extraño estaba por suceder. Todo el mundo parecía tener prisapero no se movía. Los que miraban para la derechaviraban cara a la izquierda. Cordeiroel recolector de basura y hojas secasestaba sentado en un bancocerca del palco de la música. Yo nunca vi sentado en un banco a Cordeiro. Miró cara para arribacon la mano de visera. Cuando Cordeiro miraba así y callaban los pájaros era que venía una tormenta.

Sentí el estruendo de una moto solitaria. Era un guarda con una bandera sujeta en el asiento de atrás. Pasó delante del ayuntamiento y miró cara a los hombres que conversaban inquietos en el porche. Gritó: «¡Arriba España!» Y arrancó de nuevo la moto dejando atrás una estela de estallidos.

Las madres comenzaron a llamar por los niños. En la casaparecía haber muerto otra vez la abuela. Mi padre amontonaba colillas en el cenicero y mi madre lloraba y hacía cosas sin sentidocomo abrir el grifo del agua y lavar los platos limpios y guardar los sucios.

Llamaron a la puerta y mis padres miraron el picaporte con desasosiego. Era Ameliala vecinaque trabajaba en la casa de Suárezel indiano.

«¿Saben lo que está pasando? En la Coruña los militares declararon el estado de guerra. Están disparando contra el Gobierno Civil»

«¡Santo cielo!»se persignó mi madre.

«Y aquí»continuó Amelia en voz bajacomo si las paredes oyeran«Se dice que el alcalde llamó al capitán de carabineros pero que este mandó decir que estaba enfermo».

Al día siguiente no me dejaron salir a la calle. Yo miraba por la ventana y todos los que pasaban me parecían sombras encogidascomo si de pronto cayera el invierno y el viento arrastrara a los gorriones de la Alameda como hojas secas.

Llegaron tropas de la capital y ocuparon el ayuntamiento. Mamá salió para ir a la misa y volvió pálida y tristecomo si se hiciera vieja en media hora.

«Están pasando cosas terribles Ramón»oí que le decíaentre sollozosa mi padre. También él había envejecido. Peor todavía. Parecía que había perdido toda voluntad.

Se arrellanó en un sillón y no se movía. No hablaba. No quería comer.

«Hay que quemar las cosas que te comprometanRamón. Los periódicoslos libros. Todo»

Fue mi madre la que tomó la iniciativa aquellos días. Una mañana hizo que mi padre se arreglara bien y lo llevó con ella a la misa. Cuando volvieronme dijo: «VenMoncho vas a venir con nosotros a la alameda».

Me trajo la ropa de fiesta y mientras me ayudaba a anudar la corbatame dijo en voz muy grave: «Recuerda estoMoncho. Papá no era republicano. Papá no era amigo del alcalde. Papá no hablaba mal de los curas. Y otra cosa muy importante Moncho. Papá no le regaló un traje al maestro».

«Si que lo regaló».

«NoMoncho. No lo regaló. ¿Entendiste bien? ¡No lo regalo!»

Había mucha gente en la Alamedatoda con ropa de domingo. Bajaran también algunos grupos de las aldeas mujeres enlutadaspaisanos viejos de chaleco y sombreroniños con aire asustadoprecedidos por algunos hombres con camisa azul y pistola en el cinto. Dos filas de soldados abrían un corredor desde la escalinata del ayuntamiento hasta unos camiones con remolque entoldadocomo los que se usaban para transportar el ganado en la feria grande.

Pero en la alameda no había el alboroto de las ferias sino un silencio gravede Semana Santa. La gente no se saludaba. Ni siquiera parecían reconocerse los unos a los otros. Toda la atención estaba puesta en la fachada del ayuntamiento.

Un guardia entreabrió la puerta y recorrió el gentío con la mirada. Luego abrió del todo e hizo un gesto con el brazo. De la boca oscura del edificioescoltados por otros guardassalieron los detenidosiban atados de manos y piesen silente cordada. De algunos no sabía el nombrepero conocía todos aquellos rostros. El alcaldeel de los sindicatosel bibliotecario del ateneo Resplandor ObreroCharliel vocalista de la orquesta Sol y Vidael cantero q quien llamaban Hérculespadre de Dombodán... Y al cabo de la cordadajorobado y feo como un sapoel maestro.

Se escucharon algunas órdenes y gritos aislados que resonaron en la Alameda como petardos. Poco a poco de la multitud fue saliendo un ruge-ruge que acabó imitando aquellos apodos.

«¡Traidores! ¡Criminales! ¡Rojos!»

«Grita tu tambiénRamónpor lo que más quieras¡grita!». Mi madre llevaba agarrado del brazo a papácomo si lo sujetara con toda su fuerza para que no desfalleciera. « ¡Que vean que gritasRamónque vean que gritas!»

Y entonces oí como mi padre decía «¡Traidores» con un hilo de voz. Y luegocada vez más fuerte «¡Criminales! ¡Rojos!» Saltó del brazo a mi madre y se acercó más a la fila de los soldadoscon la mirada enfurecida cara al maestro. «¡Asesino! ¡Anarquista! ¡Comeniños!»

Ahora mamá trataba de retenerlo y le tiró de la chaqueta discretamente. Pero él estaba fuera de sí. «¡Cabrón! ¡Hijo de mala madre¡». Nunca le había escuchado llamar eso a nadieni siquiera al árbitro en el campo de fútbol. «Su madre no tiene la culpa ¿ehMoncho?recuerda eso». Pero ahora se volvía cara a mi enloquecido y me empujaba con la miradalos ojos llenos de lágrimas y sangre. «¡Grítale tu tambiénMonchiñogrítale tu también!»

Cuando los camiones arrancaron cargados de presosyo fui uno de los niños que corrían detrás lanzando piedras. Buscaba con desesperación el rostro del maestro para llamarle traidor y criminal. Pero el convoy era ya una nube de polvo a lo lejos y yoen el medio de la alamedacon los puños cerradossólo fui capaz de murmurar con rabia: «¡Sapo! ¡Tilonorrinco! ¡Iris!».

©Enrique Martínez-Salanova Sánchez